Amatista

La amatista es la variedad violeta del cuarzo y, por lo tanto, tiene las mismas propiedades físicas y químicas que éste , entre las que está su gran dureza. ( 7 en la escala de Moss ).

Conocida desde hace miles de años fue, durante siglos, una gema bastante escasa y valiosa por lo que solo estaba al alcance de reyes, nobles y mercaderes acaudalados. Cuando hace unos 150 millones de años se separaron, lo que hoy conocemos como África y Sudamérica, se produjo una grieta en la corteza de Sudamérica, en la zona que hoy comprende el sur de Brasil y norte de Uruguay, por la que fluyeron enormes cantidades de lava en una serie de doce emisiones que duraron unos treinta millones de años y que cubrieron un área de más de un millón de kilómetros cuadrados.( Dos veces la península ibérica ). 

En la quinta emisión, y solo en ella, se produjeron una serie de procesos geológicos que formaron los más famosos yacimientos de amatista del mundo situados en lo que se conoce como el “plateau” volcánico del rio Paraná . Fueron descubiertos en 1827 lo que hizo posible la popularización de esta piedra. 

La amatista es la variedad más hermosa del cuarzo y también la más valiosa. 

Ninguna otra gema conocida tiene el color de la amatista, que varía desde un violeta claro al muy oscuro con reflejos rojizos, y es muy apreciada desde hace miles de años. Aunque aún no se conoce con exactitud el origen de su color la teoría más aceptada lo atribuye a la presencia de pequeñas cantidades de óxido de manganeso en su estructura cristalina. 

La amatista es, con seguridad, una de las gemas a la que se le han atribuido más poderes y con más protagonismo en tradiciones, escrituras sagradas y leyendas a lo ancho de todo el mundo.

Las leyendas de la amatista 

Todo alrededor de esta piedra tiene un aura de mito y de belleza que la hacen única y como amuleto o talismán ocupa un lugar muy destacado en las tradiciones esotéricas. 

Según una de estas leyendas Amatista era el nombre de una ninfa de extraordinaria belleza que cautivó al dios Baco en una de sus fiestas lo que impulso al dios de la agricultura a requerirla de amores. La ninfa suplicó la ayuda de Júpiter para poder resistirse a estas demandas y este la transformó en una estatua muy brillante en el momento en que Baco pretendía abrazarla. Arrepentido de sus deseos Baco le dio a esta escultura su color preferido, el del vino, y decretó que, a partir de ese instante, quien poseyera una piedra de este color estaría protegido de los terribles efectos de la embriaguez.Y no solo de la producida por el vino sino todo tipo de embriaguez (poder, dinero, sexo, fama, drogas, etc.).

La creencia de que la amatista calma cualquier tipo de embriaguez, caló tan profundamente en la cultura popular que, desde muy antiguo son numerosas las citas a esta piedra.

En los primeros tratados de gemas y medicina se le atribuyen poderes curativos y de protección frente a amenazas de todo tipo como la de proteger las viviendas y favorecer la creación de un ambiente de cordialidad en ellas. El mismo Aristóteles afirmaba que si se colocaba una amatista sobre el vientre de un borracho la piedra absorbía el alcohol y el borracho recuperaba la cordura. 

Esta creencia ha perdurado a través de los siglos. Desde la antigua Roma hasta pasada la Edad Media papas, emperadores, grandes mercaderes y hombres de fortuna poseían copas de amatista para beber el vino en ellas y estar así protegidos de sus efectos.  

Más leyendas sobre la amatista 

Otra leyenda afirma que San José regaló a María un anillo con una amatista por lo que también ayuda a conseguir la pureza y la santidad. Esta creencia unida a la que asegura la protección frente a la embriaguez (en este caso del poder) es la razón por la que, en la ceremonia de nombramiento de los cardenales, el Papa les entrega un anillo con una amatista a cada uno de ellos. 

San Isidoro consideraba a la Amatista como el símbolo de la Santísima Trinidad pues contiene los tres colores que la representan; el purpura al Padre, el violeta al Hijo y el rosa al Espíritu Santo. 

Representa al pudor en la simbología heráldica y es el símbolo del apóstol San Mateo porque es la más bella manifestación de la gentileza, la sobriedad y la humildad.

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